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Descubrimiento del ornitópodo gigante de La Rioja: un dinosaurio de 10 metros en plena excavación

Óscar Navarro 13 de July de 2026 75 lecturas 6 min de lectura
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Cuando un paleontólogo habla de una «buena excavación», suele referirse a que ha encontrado restos fragmentarios bien datados — quizá un diente, quizá un fémur, suficiente para escribir un artículo científico. Pero en la provincia de La Rioja, durante la campaña de julio de 2026, investigadores de la Universidad de La Rioja, la UPV/EHU y la Universidad de A Coruña han vuelto a casa con algo mucho más raro: restos casi completos de un dinosaurio ornitópodo que, aunque no sea el más espectacular visualmente — no lleva los cuernos de un Triceratops, ni la ferocidad de un Tiranosaurio — representa un hallazgo paleontológico de primera magnitud en el contexto español.

En Las Cerradas, un yacimiento próximo a la localidad de Igea, los equipos de excavación han recuperado partes sustanciales del esqueleto de un ornitópodo estimado en más de diez metros de largo, tres metros de altura en la cadera, y un peso de diez toneladas. Vivió hace aproximadamente 125 millones de años, durante el Cretácico Inferior, en un ambiente que cambió drásticamente en pocos miles de años de haya silvestre tropical a sabana árida.

¿Qué es un ornitópodo y por qué es importante?

Los ornitópodos son dinosaurios herbívoros, bípedos u ocasionalmente cuadrúpedos, cuyos nombres griegos significan literalmente «pies de pájaro». A diferencia de los saurópodos — los colosales comedores de plantas de cuello largo como el Braquiosaurio — los ornitópodos eran más pequeños, más ágiles, quizá más inteligentes. Algunos evolucionaron a tamaños gigantescos (el Iguanodón podía llegar a doce metros), mientras que otros permanecieron pequeños y rápidos.

Lo que hace importante el hallazgo de La Rioja es precisamente la completitud. La mayoría de los descubrimientos de dinosaurios en España consisten en dientes aislados, vértebras fragmentarias, huesos dispersos por la erosión. Tener acceso a miembros anteriores casi intactos — los brazos, literalmente — es excepcionalmente raro. Y los miembros anteriores son estructuras que los paleontólogos utilizan para reconstruir el comportamiento: ¿caminaba este animal siempre a cuatro patas? ¿Se apoyaba en las manos solo para alimentarse? ¿Cuán desarrolladas estaban sus garras?

Los huesos que cuentan la historia de un cuerpo en movimiento

Durante la campaña de excavación de julio, que se prolongó desde el 4 hasta el 12, los investigadores recuperaron restos del húmero (brazo), radio (antebrazo), varios metacarpianos (dedos), la pelvis casi completa, varias vértebras caudales (de la cola), y parte del fémur. No es un esqueleto completo — falta el cráneo, lamentablemente, que habría ofrecido información sobre la dieta y los sentidos del animal — pero es lo suficiente para reconstruir posturas, grados de movilidad, patrones de locomoción.

Los análisis preliminares sugieren que este ornitópodo era una criatura diseñada para la velocidad. Las proporciones de los huesos del miembro, la longitud relativa del fémur, la estructura de la pelvis — todo indica un animal capaz de correr a velocidades de quizá 40-50 kilómetros por hora cuando era adulto, posiblemente más cuando era joven. ¿Corría para escapar de depredadores? ¿Para desplazarse entre fuentes de alimento? ¿Por ambas razones?

El Cretácico Inferior de La Rioja: cuando la geografía cambió

Hace 125 millones de años, La Rioja no era el paisaje seco, de viñedos y montes bajos que vemos hoy. Era un entorno subtropical, con ríos caudalosos, bosques densos, una lluvia mucho más abundante. Los depósitos sedimentarios del yacimiento de Las Cerradas revelan una transición: primero abundancia de troncos de árbol fósiles, evidencia de bosques ribereños; luego, cada vez más arcilla, más sílice — las señales de que el clima se volvía más árido, los ríos se retiraban, la selva se marchitaba.

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Este cambio no fue repentino. Ocurrió a lo largo de miles, quizá decenas de miles de años. Y durante esa ventana de transformación, dinosaurios como este ornitópodo debieron adaptarse: cambiar dieta, cambiar territorio, o desaparecer. El estudio de los isótopos de oxígeno en los dientes del ornitópodo ya revelado indicará exactamente cuál era el clima en el momento en que ese animal bebía agua, comía plantas, vivía día a día en la Rioja mesozoica.

La importancia de Las Cerradas en el contexto peninsular

El yacimiento de Las Cerradas en Igea ya era conocido por los paleontólogos españoles. Otros hallazgos previos — incluyendo restos de cocodrilos, tortugas, y otros dinosaurios — habían permitido a los investigadores construir un cuadro detallado del ecosistema. Pero este hallazgo de 2026 eleva significativamente el valor científico del sitio. La presencia de un ornitópodo de gran tamaño con restos múltiples sugiere que el yacimiento es incluso más rico de lo que se pensaba, quizá una zona de acumulación de huesos en un antiguo río o laguna.

Lo que es especialmente notable es que esto es apenas el comienzo. Los equipos señalan que la campaña de julio fue exploratoria, y que el ornitópodo fue descubierto solo en las últimas fases. Eso significa que en futuras excavaciones — presumiblemente en 2027 — podrían encontrarse más huesos, quizá elementos que todavía faltan: gastralia (costillas abdominales), falanges (dedos completamente intactos), incluso, si hay suerte, fragmentos craneales.

¿Qué nos enseña sobre la evolución de los dinosaurios españoles?

España, durante mucho tiempo, ha sido la cenicienta de la paleontología mundial. Mientras que América del Norte, Argentina y China atraen los grandes hallazgos y los titulares de los medios, la Península Ibérica ha quedado relativamente en la sombra. Pero las pruebas acumulativas indican que la región fue una zona de transición geográfica — entre los entornos africanos y los europeos — que ofreció una «encrucijada» única para la evolución de los dinosaurios.

Este ornitópodo de La Rioja es un ejemplo más de que esa historia todavía se está escribiendo. No es un depredador superlativo, no bate récords de tamaño, no tiene características excepcionales. Pero es un reflejo fiel de cómo los dinosaurios españoles eran criaturas complejas, adaptadas a entornos en cambio, probablemente parte de comunidades ecológicas ricas y variadas que la erosión del tiempo ha fragmentado en piezas, algunas de las cuales comenzamos a descubrir solo ahora.

En las próximas semanas, los equipos de investigación analizarán los datos de esta campaña. Se datarán con precisión los huesos, se estudiarán los isótopos, se compararán las proporciones con otros ornitópodos conocidos. Pero ya, ahora, mientras permanecen bajo lámparas de excavación en Igea, esos huesos de diez toneladas de una criatura que corrió bajo dinosaurios más grandes, bajo un cielo más cálido, cuentan una historia que los españoles apenas estaban empezando a leer: la de un mundo completamente distinto, escrito en piedra, a pocos metros bajo nuestros pies.

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Fuente: Infobea España

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