En Valencia de Don Juan, un pueblo tranquilo del norte de Castilla, existe una feria que trasciende los límites del entretenimiento típico. La IV Feria de Manxares y Añoranzas es una celebración diseñada específicamente para preservar y poner en valor las costumbres que definen a la región de León, un territorio que fue reino independiente y que guarda en su identidad más profunda las huellas de una historia milenaria.
Cuando León dice: estas son nuestras raíces
Tradiciones deportivas que documentan la antigüedad
Lo primero que sorprende al visitante es el Campeonato Provincial de Deportes Autóctonos, un evento que celebra formas de competencia que apenas sobreviven en el mundo moderno. Entre los deportes leoneses destaca la Lucha Leonesa, una modalidad de combate que se remonta a épocas medievales, completamente diferente al wrestling o la lucha greco-romana que conocemos. En la Lucha Leonesa, los competidores visten una camisa de lona gruesa y se desafían según reglas tradicionales que varían según el territorio. Ver a hombres jóvenes practicando este arte es como abrir una ventana temporal: estás presenciando técnicas, movimientos y códigos de honor que se han transmitido sin interrupción durante siglos.
Junto a la Lucha Leonesa, el programa incluye también a los recortadores, una tradición taurina única de la región donde especialistas desafían a novillos en actos de destreza y valentía que no conllevan la muerte del animal. Es un remanente de culturas muy antiguas, un puente entre el mundo ganadero del pasado y las costumbres festivas del presente.
El paisaje sonoro de León: gaitas y pasacalles
Pero Manxares y Añoranzas no sería lo que es sin su dimensión sonora. El programa incluye actuaciones de grupos de folklore tradicional, danzas regionales y, más importante aún, el sonido emblemático de la gaita. Aunque muchas personas asocian la gaita principalmente con Galicia, la realidad es que León tiene su propia tradición de música de gaita, ligeramente diferente en forma y sonoridad, pero profundamente arraigada en la identidad cultural del reino histórico.
Durante la feria, los visitantes pueden escuchar a gaiteros competentes tocando tanto en presentaciones formales como en pasacalles improvisados que recorren las calles de Valencia de Don Juan. Estos pasacalles no son simplemente entretenimiento: son actos de transmisión cultural, oportunidades para que los niños locales vean a sus mayores celebrando lo que significa ser de León, para que los foráneos entiendan que cada región de España posee su propia identidad musical irreductible.
La gastronomía como acto de resistencia cultural
La comida que se sirve en Manxares y Añoranzas no es cosmopolita ni tiene pretensiones de alta cocina. Es la comida de León: productos locales preparados según recetas transmitidas oralmente, sabores que hablan de terreno, de estaciones, de disponibilidad de ingredientes. Cecina de león, chorizo, quesos locales, patatas cocinadas como se hacía hace décadas. En un mundo donde las cadenas de comida rápida homogenizan los sabores, estos platos funcionan como un acto de resistencia, una afirmación de que la comida es inseparable del lugar de donde viene.
Comer durante esta feria no es un acto neutro. Es una forma de decir: Mi región tiene identidad, tiene sabor, tiene historia que contar a través de sus alimentos.

Un desfile de pendones: la memoria hecha tela
El significado del desfile de pendones leoneses
Uno de los momentos más cargados de significado es el Desfile de Pendones Leoneses, un acto que mezcla ritual con educación colectiva. Los pendones son banderas históricas de los pueblos leoneses, cada una con sus colores y símbolos propios. Ver desfilar estos pendones es presenciar la geografía política y emocional de León expresada en tela y color.
Estos no son símbolos abstractos. Detrás de cada pendón hay un pueblo, una historia, una comunidad que ha persistido a través de siglos. Al verlos desfilar juntos, los ciudadanos de León refuerzan un sentido de pertenencia que trasciende el individuo: somos parte de algo más grande, algo que incluye nuestros antepasados y también nuestros futuros descendientes.
Actividades intergeneracionales: transmisión de la identidad
La feria incluye explícitamente actividades con mayores, momentos donde personas de edad avanzada enseñan a los jóvenes cómo se bailan las danzas tradicionales, cómo se practicaba la Lucha Leonesa según las normas antiguas, cómo se preparaban los platos más auténticos. En nuestro mundo de especialización creciente, donde los conocimientos se transmiten cada vez más a través de pantallas, estos encuentros cara a cara funcionan como un antibiótico contra el olvido cultural.
Los abuelos no solo enseñan técnicas. Transmiten valores: respeto por el terreno, comprensión de que la competencia puede ser honorable sin ser mortal, apreciación por la habilidad artesanal. Cada joven que aprende a tocar una gaita en la feria, cada niño que ve por primera vez la Lucha Leonesa, está siendo conectado a un hilo de continuidad que se remonta mucho más atrás que sus propios recuerdos familiares.
Por qué Manxares y Añoranzas importa en 2026
En una era de globalización creciente, donde es posible vivir en cualquier ciudad del mundo y consumir los mismos productos, ver las mismas películas, escuchar la misma música, la existencia de eventos como esta feria adquiere una importancia casi política. La IV Feria de Manxares y Añoranzas es un acto de resistencia contra la homogeneización, una afirmación de que la diversidad cultural no es un lujo nostálgico, sino algo esencial para la salud de cualquier sociedad.
Valencia de Don Juan se convierte durante dos días en un espacio donde lo marginal en el mundo digital (la lucha local, la música regional, los deportes autóctonos) se vuelve central, necesario, celebrado. Es una lección para cualquier región que se pregunta cómo mantener su identidad en tiempos de cambio acelerado: siendo intencional, siendo público, siendo comunitario. La feria que pone en valor el patrimonio cultural leonés no es un acto arqueológico. Es un acto de futuro, una forma de garantizar que cuando esta generación envejezca, sus nietos sabrán qué significa estar en León.