Cada verano, el yacimiento de Marroquíes Bajos en Jaén recibe a decenas de arqueólogos y voluntarios dispuestos a excavar y catalogar los restos de una de las ocupaciones humanas más antiguas y continuas de toda Europa. Durante el mes de julio de 2026, este trabajo ha arrojado resultados que enriquecen notablemente nuestro conocimiento sobre la vida en la España romana y sus fases anteriores de poblamiento.
Un asentamiento que no cesó durante 4.000 años
Marroquíes Bajos es único en su género. Situado en el valle del Guadalquivir, en la provincia de Jaén, este yacimiento ha sido ocupado de forma prácticamente ininterrumpida desde la época calcolítica, es decir, hace más de 6.000 años. A lo largo de los milenios, el enclave acogió a pobladores de la Edad del Bronce, fenicios, griegos, íberos, romanos, musulmanes y cristianos. Cada período dejó su huella arqueológica, formando capas superpuestas que los investigadores han comenzado a desvelar sistemáticamente.
Lo que hace especial a Marroquíes Bajos no es solo su antigüedad, sino la ausencia de abandonos importantes. Mientras que otros yacimientos arqueológicos españoles presentan ocupaciones intermitentes, Marroquíes Bajos muestra una continuidad poblacional que lo asemeja a las grandes ciudades del Próximo Oriente antiguo. Esta cualidad lo convierte en una ventana privilegiada para entender cómo evolucionaban las comunidades humanas del sur ibérico.
Los hallazgos de la campaña de verano 2026
La campaña de excavación de este verano se ha centrado en la clasificación y limpieza de restos humanos localizados en tumbas de época romana. Los voluntarios, bajo supervisión de expertos del museo local y universidades andaluzas, han trabajado metódicamente en la preparación de esqueletos completos, fragmentos óseos y ajuares funerarios que acompañaban a los difuntos en su viaje al más allá.
Cerámicas que revelan comercio a larga distancia
Entre el material hallado destaca la cerámica terra sigilata, la famosa alfarería romana de paredes finas y acabado brillante que se produjo en talleres especializados del Imperio. El descubrimiento de estos recipientes en Marroquíes Bajos es evidencia de que la ciudad mantenía contactos comerciales importantes con otros núcleos del mundo romano. La terra sigilata se fabricaba principalmente en Galia (actual Francia) e Italia, lo que sugiere que los habitantes de Jaén tenían poder adquisitivo y acceso a mercados de lujo en el siglo I o II de nuestra era.
Las fases medievales islámicas
Junto a los depósitos romanos, los arqueólogos han documentado abundante material cerámico islámico, confirmando que después de la caída del Imperio Romano de Occidente, el yacimiento continuó siendo habitado durante el período medieval islámico. Los fragmentos de cerámica vidriada y esmaltada típica del Al-Ándalus muestran que Marroquíes Bajos no fue abandonado durante la transición entre ambas épocas, sino que experimentó una transformación gradual en sus formas de vida, arquitectura y comercio.
¿Por qué un lugar se convierte en centro de poder durante siglos?
Los arqueólogos plantean una pregunta recurrente: ¿qué hacía que Marroquíes Bajos fuera un lugar atractivo para vivir durante miles de años? Las respuestas apuntan a su situación estratégica. Ubicado en el fértil valle del Guadalquivir, cerca de un cruce de rutas comerciales naturales, Marroquíes Bajos disfrutaba de acceso a agua, tierras agrícolas productivas y comunicaciones que lo conectaban con el mundo mediterráneo y peninsular.

Durante la época romana, el yacimiento se beneficiaba de la paz que traía el Imperio. La Pax Romana permitía que los mercaderes itinerantes llegasen con sus mercancías, que los colonos inversores estableciesen sus negocios, y que la población local prosperase bajo una administración imperial centralizada. El comercio de terra sigilata que aparece en las tumbas es un reflejo directo de esta estabilidad económica.
Las tumbas: espacios de la memoria familiar
El análisis de los restos humanos y sus ajuares funerarios permite a los arqueólogos reconstruir aspectos de la vida cotidiana romana. Cada tumba cuenta una historia: qué comían, qué vestían, qué herramientas usaban, cuál era su rango social. Los esqueletos revelan también patologías, esperanza de vida, y las duras condiciones físicas de la existencia antigua. Comparar un esqueleto con signos de desgaste articular junto a fragmentos de terra sigilata plantea preguntas incómodas: ¿trabajaban duramente estos "ricos"? ¿O la riqueza era tan relativa que incluso los afortunados realizaban tareas pesadas?
La presencia de monedas, anillos y adornos de bronce en las tumbas indica que el difunto era tratado con respeto y que la familia invertía recursos en su entierro. Este gasto en los muertos es un indicador de que existía una clase de cierta estabilidad económica en Marroquíes Bajos durante la época romana.
La arqueología participativa: voluntarios al servicio de la historia
Uno de los aspectos más novedosos del yacimiento de Marroquíes Bajos es su compromiso con la arqueología participativa. Las campañas de verano abren sus puertas a voluntarios de todas las edades y formación, creando una experiencia educativa única. Los participantes no solo aprenden técnicas de excavación y clasificación de restos, sino que contribuyen activamente a la investigación científica. Este modelo democratiza el acceso al patrimonio arqueológico y genera conciencia sobre la importancia de preservar nuestros orígenes.
Marroquíes Bajos permanecerá como testimonio silencioso de cómo las ciudades humanas pueden prosperar y transformarse durante milenios, siempre que el territorio, el comercio y la paz lo permitan. Cada campaña de excavación añade piezas a un rompecabezas de 6.000 años, recordándonos que nuestras raíces en la Península Ibérica son profundas, complejas y dignas de admiración.