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Un rinoceronte estepario dormía bajo Cataluña

Óscar Navarro 18 de July de 2026 74 lecturas 6 min de lectura
prehistoric steppe rhinoceros skeleton in dark cave excavation site dramatic lighting
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Cuatro. Esa es la cifra de esqueletos completos de rinoceronte estepario que se conocen en toda Europa, y dos de ellos acaban de aparecer juntos en la misma cueva catalana. El hallazgo, anunciado el pasado 17 de julio, ha dejado a los paleontólogos con la boca abierta: hasta ahora solo había constancia de un ejemplar así en Italia y otros dos en Alemania. Ninguno en la península ibérica. Hasta ahora.

El lugar es la Cova de les Teixoneres, en el término municipal de Moià, en la provincia de Barcelona. Allí, un equipo de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y el instituto IPHES-CERCA lleva casi un cuarto de siglo excavando capa a capa un yacimiento que no deja de sorprender. Este verano, la campaña arrancó el 22 de junio y se prolongará hasta el 22 de julio, y ya ha entregado uno de sus mejores premios: dos rinocerontes de la especie Stephanorhinus hemitoechus, enterrados desde hace 200.000 años.

Dos gigantes que solo tienen tres parientes en toda Europa

Lo primero que llama la atención de los investigadores no es solo la especie, sino el estado de los huesos. Jordi Rosell, investigador principal del proyecto en la URV e IPHES-CERCA, lo explicaba con una frase que resume bien la suerte del hallazgo: "hay algunos huesos en conexión anatómica, lo que significa que probablemente los cuerpos llegaron mucho antes de empezar a descomponerse". Dicho de otro modo, estos animales no fueron arrastrados en pedazos por una riada ni dispersados por carroñeros durante meses. Llegaron enteros, o casi, a un rincón de la cueva que los conservó casi intactos durante dos mil siglos.

Ese tipo de conservación es rarísimo. De ahí que el hallazgo se compare enseguida con los otros tres casos europeos conocidos, todos ellos fuera de España. La península ibérica se queda así con su primer ejemplar completo de esta especie, un rinoceronte adaptado a paisajes de estepa fría, mucho más robusto y de cuernos más cortos que el rinoceronte de bosque que también habitó la región en otras épocas.

Veinticuatro años escarbando en la misma cueva

Teixoneres no es un yacimiento de un solo golpe de suerte. El equipo lleva alrededor de 24 años trabajando la misma cavidad, capa tras capa, y cada campaña de verano añade una pieza nueva al rompecabezas. Este año, además de los dos rinocerontes, han aparecido restos de caballo, de uro y de al menos tres osos distintos. También ha salido a la luz un fragmento de punta rota elaborada en hueso que los investigadores describen como una herramienta sin precedentes para este periodo, lo que sugiere un uso de materiales óseos más sofisticado de lo que se pensaba en capas tan antiguas.

Qué cuentan los huesos sobre la muerte de los rinocerontes

La pregunta que más interesa ahora al equipo no es solo cómo llegaron los cuerpos hasta allí, sino qué pasó después. Ruth Blasco, investigadora Ramón y Cajal en IPHES-CERCA, apunta que el siguiente paso será limpiar bien los huesos para saber "si los cadáveres fueron aprovechados por los neandertales o por los carnívoros de la zona". La respuesta no es trivial: marcas de corte hechas con herramientas de piedra apuntarían a un consumo humano, mientras que mordeduras y perforaciones circulares delatarían a hienas, lobos u osos de las cavernas, todos ellos presentes en la zona en distintos momentos.

¿Por qué hay tan pocos fósiles de rinoceronte en España?

Porque un animal de varias toneladas rara vez se fosiliza entero. Lo habitual es encontrar un diente suelto, una vértebra aislada o fragmentos de hueso dispersos por la erosión y el paso de otros animales. Que aparezcan dos esqueletos casi completos en el mismo nivel, y encima en una cueva con un registro tan largo como el de Teixoneres, convierte este hallazgo en una rareza que puede tardar décadas en repetirse.

neanderthal hearth with stone tools inside ancient cave archaeological dig

Neandertales, hienas y osos compartieron cueva durante milenios

Los rinocerontes no son el único hallazgo relevante de esta cueva. En niveles más recientes, de hace unos 40.000 años, el equipo ha documentado un hogar neandertal con una punta de sílex asociada. Anna Rufà, investigadora Ramón y Cajal en IPHES-CERCA, señala que la industria lítica de este nivel es muy parecida a la de los estratos inferiores, los de 200.000 años de antigüedad, lo que indicaría una tradición tecnológica sorprendentemente estable a lo largo de generaciones. La ocupación neandertal en la zona se prolongó hasta hace unos 36.000 años, prácticamente el momento en que esta especie humana se extinguió en Europa.

Esa alternancia entre grupos humanos y grandes carnívoros no es exclusiva de Cataluña. En Murcia, el yacimiento de Cueva Negra ha revelado herramientas humanas de hace 800.000 años, con capas de ocupación mucho más antiguas pero con el mismo patrón de convivencia forzada entre especies que se disputaban abrigo y comida.

El vaivén climático que echó a los rinocerontes templados

Nada de esto ocurre en el vacío. Entre hace 200.000 y 75.000 años, la región vivió una sucesión de cambios climáticos que fue sustituyendo poco a poco la fauna adaptada a climas templados por formas mejor preparadas para el frío, como mamuts y rinocerontes lanudos. El rinoceronte estepario encontrado en Teixoneres ocupa justo ese punto intermedio: ni tan tropical como sus parientes de bosque, ni tan peludo como el rinoceronte lanudo que llegaría después. Es, en cierto modo, un testigo de transición.

Lo que hace especialmente valioso este hallazgo no es solo la rareza de encontrar dos esqueletos completos, sino la posibilidad de leer en un mismo yacimiento casi 165.000 años de cambios: de un rinoceronte adaptado a praderas templadas a un hogar neandertal en pleno declive de su especie. Pocos lugares en Europa permiten seguir ese hilo tan largo sin cambiar de excavación. Comparado con hallazgos puntuales como el de la fortaleza de 5.000 años bajo los paneles solares de Extremadura, que ilumina un momento muy concreto del pasado, Teixoneres ofrece algo distinto: una secuencia continua que conecta ecosistemas, climas y especies distintas en un mismo espacio.

La campaña de este verano termina el 22 de julio, pero el trabajo de laboratorio apenas empieza. Limpiar, datar y analizar cada hueso llevará meses, y es ahí donde se espera la respuesta definitiva sobre quién se comió realmente a estos dos gigantes esteparios.

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Fuente: Infobae

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