El 11 de mayo, en un solar frente a la playa de la Almadraba, en Alicante, una máquina excavadora se detuvo en seco. Un operario acababa de ver algo blanco asomando entre la tierra removida: no era una piedra cualquiera, sino un rostro de mármol con la nariz astillada y la mirada perdida hacia el mar. Aquella cabeza, que con el tiempo se conocería como la Venus de Alicante, llevaba casi dos mil años esperando bajo el suelo.
Envuelta en plástico de burbujas y guardada en una bolsa de Mercadona
El jefe de obra paró los trabajos nada más recibir el aviso, tal y como exige el protocolo cuando aparecen restos durante una construcción. Pero lo que vino después fue lo que convirtió el hallazgo en noticia nacional: alguien, sin demasiado cuidado, envolvió la pieza en plástico de burbujas y la metió en una bolsa de rafia de Mercadona antes de trasladarla. La imagen, compartida en redes sociales, generó una ola de críticas sobre cómo se estaba tratando una pieza arqueológica de semejante valor.
¿Por qué se paralizan las obras al aparecer un resto como este?
La ley de patrimonio histórico obliga a detener cualquier obra en cuanto surgen restos que puedan tener valor arqueológico, y a notificarlo a la administración competente. En Alicante, como en el resto de España, ese protocolo activa la intervención de arqueólogos autorizados, que deben evaluar el hallazgo antes de que la construcción pueda continuar. El proceso puede alargarse semanas o incluso meses, dependiendo de la importancia de lo encontrado.
La escultura pesa 14 kilos y mide 22 centímetros de altura, un tamaño que corresponde solo a la cabeza: el resto del cuerpo, de haber sobrevivido, sigue sin aparecer. Los primeros análisis apuntan a un mármol blanco de calidad, posiblemente procedente de las canteras de Paros o de Carrara, tallado con un mimo que solo se permitían las familias más acomodadas de la época.
Lucentum, la ciudad romana que dio origen a Alicante
La pieza no apareció en cualquier parte. La playa de la Almadraba se levanta sobre los restos de Lucentum, el asentamiento romano que, siglos antes de que existiera Alicante tal y como la conocemos hoy, ocupó ese mismo tramo de costa. Fundada en torno al siglo I a.C. sobre un núcleo ibérico anterior, Lucentum llegó a tener puerto, foro y viviendas de cierto lujo, aunque nunca alcanzó el tamaño de otras ciudades romanas de Hispania como Tarraco o Carthago Nova.
Una casa señorial con Venus en el salón
Según los primeros indicios, la cabeza formaba parte de una escultura de cuerpo entero que decoraba una domus, la vivienda privada de una familia con recursos suficientes para permitirse arte importado o encargado a un taller de prestigio. Tener una Venus tallada en mármol de importación no era un capricho cualquiera en el siglo II d.C.: era una forma de mostrar a los visitantes que la casa pertenecía a alguien con dinero, buen gusto y contactos comerciales con el Mediterráneo oriental. El catedrático de arqueología José Miguel Noguera, encargado de la primera valoración de la pieza, calificó su factura de sobresaliente, un detalle que refuerza la idea de que no se trataba de una copia menor, sino de una obra encargada con esmero.
Por qué la diosa del amor era tan popular en las villas romanas
Venus no era solo la diosa del amor y la belleza: en la propaganda imperial romana, desde la familia de Julio César en adelante, se la vinculaba también con la fortuna y el prestigio del linaje. No es raro, por tanto, encontrar esculturas suyas en villas y domus de toda Hispania. En Itálica, cerca de Sevilla, se conserva una Venus de mármol de tamaño similar a la de Alicante, y en Mérida, la antigua Augusta Emerita, el subsuelo ha entregado durante décadas esculturas romanas de factura parecida. La de Alicante se suma ahora a ese catálogo, aunque con la singularidad de haber llegado al laboratorio dentro de una bolsa de supermercado.

La respuesta del ayuntamiento a las críticas por el manejo de la pieza
Las críticas por la improvisada bolsa llegaron también al terreno político. Nayma Beldjilali, edil de Cultura, salió al paso de quienes acusaban al consistorio de haber permitido una excavación sin control ni permisos. "La zona estaba sometida a intervención arqueológica autorizada", explicó, y calificó de "absolutamente falsas" las versiones que apuntaban a una actuación irregular.
Aun así, el propio ayuntamiento dio primero una fecha de hallazgo distinta, el 20 de mayo, a la que después reconocieron los propios operarios, el día 11. Ese pequeño desajuste alimentó todavía más la desconfianza sobre cómo se había gestionado la comunicación del hallazgo, aunque no afecta a la autenticidad ni al valor de la pieza, que ahora se estudia en un laboratorio de la Universidad de Murcia.
Por qué aparecen tantas esculturas romanas en la costa mediterránea española
La pregunta no es casual: buena parte del litoral mediterráneo español, de Cataluña a Andalucía, estuvo salpicado de villas y ciudades romanas que aprovechaban la cercanía al mar para comerciar. Cartagena, Tarragona, Denia o la propia Alicante conservan bajo el asfalto capas enteras de esa Hispania romana, y cada obra en el centro histórico corre el riesgo, o la suerte, según se mire, de tropezar con ellas.
Algo parecido ha ocurrido hace poco en Aragón, donde unas obras destaparon un mosaico romano que no dejaba de crecer a medida que avanzaban las excavaciones, o en Palencia, donde bajo la ciudad actual han aparecido dos campamentos militares romanos superpuestos. España, en ese sentido, es un país que lleva Roma debajo del suelo casi en cualquier esquina.
Lo que hace especialmente llamativo este hallazgo no es tanto la pieza en sí, pues hay decenas de esculturas romanas parecidas repartidas por museos españoles, sino el contraste entre su valor histórico y la forma en que se manipuló nada más salir a la luz. Una cabeza de mármol de casi dos mil años sobrevivió a derrumbes, expolios y siglos de abandono para acabar, durante unas horas, dentro de una bolsa de rafia pensada para llevar la compra. Ese choque entre lo monumental y lo doméstico explica, probablemente, que la noticia haya saltado de los suplementos de arqueología a la conversación general: no todos los días una diosa romana viaja en las mismas condiciones que una barra de pan.
Por ahora, la Venus de Alicante permanece bajo estudio mientras los arqueólogos intentan determinar si el resto del cuerpo sigue enterrado en algún punto cercano del solar, todavía sin excavar del todo. Si aparece, la escultura completa podría convertirse en una de las piezas más relevantes recuperadas en la antigua Lucentum en las últimas décadas.