Cada segundo, dentro de los huesos de una persona adulta se fabrican varios millones de células nuevas de sangre, todas ellas descendientes de un grupo diminuto de células madre de la sangre que trabajan sin descanso durante toda la vida. Ese proceso, tan constante que casi nunca reparamos en él, acaba de ganar una pieza que nadie esperaba encontrar: un equipo de la Universidad de Murcia ha descubierto que dos proteínas conocidas hasta ahora solo por su capacidad de matar células también son capaces de multiplicarlas.
El estudio, publicado en Nature Communications, corre a cargo del grupo de investigación Inmunidad, Inflamación y Cáncer de la Universidad de Murcia (UMU), en colaboración con el Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla (IMIB) y el CIBERER. Su hallazgo obliga a reescribir, al menos en parte, lo que se sabía sobre unas moléculas que llevaban años en el punto de mira de la inmunología por motivos muy distintos.
Una proteína con fama de verdugo celular
Las protagonistas de la historia se llaman NINJ1 y NINJ2, conocidas como ninjurinas. Hasta ahora, la comunidad científica las tenía fichadas casi exclusivamente por su papel en la muerte celular ligada a procesos inflamatorios: cuando una célula entra en una forma de suicidio programado conocida como piroptosis, es la ninjurina NINJ1 la que perfora la membrana celular y culmina el proceso, liberando el contenido de la célula al exterior. Un mecanismo, en definitiva, de destrucción controlada, útil para el cuerpo pero estudiado casi siempre desde ese único ángulo.
Qué son las ninjurinas y por qué solo se miraba su lado destructivo
Esa reputación de verdugo molecular explica por qué nadie había buscado antes una función constructiva en estas proteínas. La inflamación y la muerte celular acaparaban la atención de los laboratorios, y resultaba lógico pensar que una molécula capaz de romper membranas no podía tener, al mismo tiempo, un papel en la generación de vida celular. El equipo murciano decidió comprobarlo de todos modos.
El giro que nadie esperaba: fabricar sangre en vez de destruirla
Lo que encontraron cambia el planteamiento inicial. Las ninjurinas no solo participan en la muerte celular: también favorecen la multiplicación de las células madre hematopoyéticas, esas mismas células responsables de generar cada glóbulo rojo, cada glóbulo blanco y cada plaqueta del cuerpo humano. Juan M. Lozano-Gil, primer autor del trabajo, lo resume así: "Con este historial, ha sido una sorpresa descubrir que estas mismas proteínas también actúan como arquitectas que impulsan la expansión de las células madre de la sangre".
Pez cebra y cordón umbilical: el laboratorio detrás del hallazgo
Para llegar a esa conclusión, los investigadores recurrieron a dos modelos complementarios. Por un lado, el pez cebra, un animal que comparte alrededor de un 70% de sus genes con los humanos y hasta un 84% de los genes asociados a enfermedades humanas, lo que lo convierte en un modelo habitual para estudiar procesos biológicos complejos sin necesidad de recurrir directamente a tejido humano. Por otro, células madre humanas extraídas de sangre de cordón umbilical, que permitieron confirmar en tejido real lo que se había observado en el pez.
El experimento fue, en el fondo, bastante directo: eliminaron las ninjurinas y observaron qué pasaba. La respuesta fue clara. Sin estas proteínas, las células madre sanguíneas se reducían de forma notable, igual que los glóbulos rojos y los neutrófilos. Cuando, en cambio, generaron variantes de las ninjurinas sin la región encargada de romper la membrana celular —es decir, sin su capacidad para matar—, las células siguieron multiplicándose con normalidad. La conclusión es que la función de fabricar sangre no depende del mecanismo que provoca la muerte celular, sino que corre por una vía distinta dentro de la misma proteína.

¿Qué son las células madre de la sangre y por qué son tan importantes?
Las células madre de la sangre son las únicas capaces de generar, por sí mismas, todos los tipos de células que circulan por las venas: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Viven en la médula ósea y se dividen constantemente para reponer una sangre que se renueva sin parar a lo largo de toda la vida. Son, además, la base de los trasplantes de médula que hoy salvan a pacientes con leucemias, linfomas y otras enfermedades de la sangre, de ahí que cualquier mecanismo capaz de multiplicarlas despierte tanto interés clínico.
De la placa de laboratorio a los trasplantes de médula
Victoriano Mulero Méndez, catedrático de Biología Celular de la UMU y director del grupo de investigación, añade otra pieza al puzle: "Además, la ausencia de ninjurinas debilita la respuesta inmunitaria y aumenta la susceptibilidad frente a infecciones bacterianas". Esto sitúa a las ninjurinas en una posición doble: son necesarias tanto para defender al cuerpo de infecciones como para mantener el suministro de células madre que produce esa misma defensa.
La investigación es todavía preclínica —se ha hecho en pez cebra y en células en cultivo, no en pacientes—, pero abre una vía de trabajo con aplicación directa. Hospitales como el Vall d'Hebron, que ya ha marcado un hito reciente al realizar en España el primer trasplante entre dos pacientes con VIH, dependen precisamente de la disponibilidad de células madre sanguíneas sanas y en cantidad suficiente. Entender qué proteínas ayudan a multiplicarlas podría, con el tiempo, mejorar la producción de estas células para trasplantes y terapias hematológicas.
Lo que hace especialmente relevante este hallazgo es que obliga a abandonar una idea demasiado simple: que una molécula solo puede tener una función biológica, casi siempre etiquetada como "buena" o "mala". Las ninjurinas destruyen y construyen a la vez, según qué parte de su estructura entre en juego, algo que recuerda a otros casos en los que la biología guarda funciones dobles en un mismo mecanismo, como ocurre con ciertas moléculas ligadas a la memoria olfativa, capaces de conectar un simple olor con recuerdos muy concretos del pasado. Puesto en perspectiva, este tipo de hallazgos recuerda que buena parte de la biología celular todavía se explica con etiquetas demasiado simples, y que revisar viejas certezas sigue dando sorpresas.
Por ahora, el trabajo del equipo murciano queda como una pieza de investigación básica, financiada con fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el Instituto de Salud Carlos III y la Fundación Séneca de Murcia. Pero es precisamente ese tipo de hallazgos, alejados todavía de la aplicación clínica directa, los que suelen sentar las bases de tratamientos que tardan años en llegar a un hospital.