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Vall d'Hebron logra el primer trasplante con VIH

Óscar Navarro 28 de July de 2026 78 lecturas 7 min de lectura
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El 24 de julio de 2026, dos amigos protagonizaron en Barcelona el primer trasplante con VIH que se ha hecho nunca en España: una operación de riñón de cuatro horas en el Hospital Vall d'Hebron, entre un donante y un receptor que conviven con el virus.

Uno de ellos, el donante, llevaba tiempo queriendo ayudar a su amigo, que arrastraba una glomerulonefritis crónica —una enfermedad renal sin relación con el VIH— y que ya necesitaba un trasplante para seguir adelante. Los dos hombres, de mediana edad y que han preferido mantener el anonimato, evolucionan favorablemente tras la intervención, según ha confirmado el propio hospital.

Cuatro horas de cirugía robótica para hacer historia

El equipo de Urología, liderado por el doctor Enric Trilla, empleó cirugía robótica mínimamente invasiva para extraer el riñón del donante e implantarlo en el receptor. La técnica, cada vez más habitual en los trasplantes renales de donante vivo, permite incisiones más pequeñas, menos dolor tras la operación y una recuperación más rápida que la cirugía abierta tradicional. En este caso había además un reto añadido: garantizar que ninguno de los dos pacientes, con la carga viral controlada, sufriera un riesgo extra por su condición serológica.

El doctor Francesc Josep Moreso, jefe de la Unidad de Trasplante Renal del centro, y el doctor Albert Sandiumenge, coordinador de los programas de Donación y Trasplantes, supervisaron un protocolo de seguridad específico, aprobado apenas dos meses antes, en mayo de 2026, y pensado exactamente para este tipo de intervenciones.

Por qué la carga viral indetectable lo hace posible

Desde 2005, las personas con VIH pueden recibir órganos de donantes sin el virus si cumplen ciertos requisitos clínicos: carga viral indetectable y ausencia de infecciones oportunistas activas. Lo que faltaba —y lo que cambió en 2025— era la posibilidad de que ese donante también viviera con VIH. Hasta entonces lo impedía una orden de 1987, nacida en los primeros años de pánico ante la epidemia, cuando apenas se sabía cómo se transmitía el virus y las restricciones se dictaban por precaución, no por evidencia científica.

La orden de 1987 que llevaba casi cuatro décadas cerrando esta puerta

La norma derogada en 2025 prohibía sin matices que una persona con VIH donara órganos, sin distinguir siquiera si el receptor también era seropositivo. En la práctica, eso dejaba fuera del circuito de donación a miles de personas que, gracias a los tratamientos antirretrovirales actuales, llevan una vida con una esperanza similar a la del resto de la población y una carga viral perfectamente controlada.

Beatriz Domínguez-Gil, directora general de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), definió la revocación de aquella norma como saldar «una deuda histórica». Y el gerente de Vall d'Hebron, el doctor Albert Salazar, resumió el simbolismo del momento con una frase que une el pasado y el presente del propio hospital: «45 años después, realizamos el primer trasplante del Estado entre dos personas con VIH».

Esa cifra no es casual. Vall d'Hebron fue, en 1981, el primer hospital español en diagnosticar un caso de VIH, cuando el virus ni siquiera tenía todavía nombre oficial y la enfermedad se conocía apenas por un puñado de síntomas que nadie sabía explicar del todo. Cuatro décadas y media después, el mismo centro vuelve a situarse en el centro de la historia clínica del virus en España, esta vez por motivos muy distintos.

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España se suma a un grupo todavía reducido de países

El primer trasplante entre personas con VIH del mundo se hizo en Sudáfrica en 2008, en un contexto sanitario muy distinto al europeo, con una prevalencia del virus mucho mayor y una necesidad urgente de ampliar el número de órganos disponibles. Estados Unidos empezó a practicarlos de forma regular en 2024, tras años de ensayos clínicos, y países como Francia, Italia o Reino Unido también los permiten ya. Con la intervención de Vall d'Hebron, España entra en ese grupo todavía minoritario de sistemas sanitarios que se han decidido a dar el paso.

Cerca de cincuenta personas esperan cada año en España

Según datos del Ministerio de Sanidad, cada año esperan un trasplante en España cerca de cincuenta personas con VIH: unas treinta necesitan un riñón, quince un hígado y el resto un corazón, un pulmón o un páncreas. Hasta ahora, esas personas solo podían recibir órganos de donantes sin el virus. Abrir también la puerta a donantes seropositivos no solo crea una vía nueva para ellas: alivia, aunque sea de forma modesta, la presión sobre las listas de espera generales, porque cada donante con VIH que antes quedaba descartado por completo ahora puede salvar una vida.

¿Por qué este trasplante también importa fuera del quirófano?

Porque el estigma alrededor del VIH sigue siendo, cuatro décadas después de aquel primer diagnóstico en Vall d'Hebron, mucho más persistente de lo que cabría esperar. Una encuesta reciente del Ministerio de Sanidad, elaborada junto a CESIDA y la Universidad de Alcalá, señala que el 63,2% de las personas seropositivas en España ha sufrido algún tipo de discriminación relacionada con su diagnóstico, y que solo el 11,2% se atreve a revelar su estado de forma pública. El doctor Sandiumenge lo resumió como «un paso más para desestigmatizar» el virus, y no es una frase vacía: cada vez que un hospital demuestra en público que una persona con VIH puede donar un órgano sano y salvar una vida, se debilita un poco más la idea, todavía extendida, de que esas personas son frágiles o representan un peligro para los demás.

Lo que hace especialmente relevante este caso no es solo la técnica quirúrgica —la cirugía robótica de donante vivo ya se practica de forma rutinaria en varios hospitales españoles— sino el cambio de mentalidad que hay detrás. Durante casi cuarenta años, la legislación trató a las personas con VIH casi únicamente como receptoras potenciales de ayuda médica, nunca como donantes capaces de darla. Este trasplante invierte esa lógica: reconoce que, con el tratamiento adecuado, alguien con el virus controlado tiene tanto que ofrecer como cualquier otro donante. Puesto en perspectiva, España no ha inventado nada que no exista ya en Sudáfrica o Estados Unidos, pero sí ha tardado casi veinte años más que el primer país en dar este paso, lo que dice bastante sobre lo despacio que avanza a veces la legislación sanitaria frente al conocimiento científico ya disponible.

No es el único avance médico español de los últimos meses que redefine lo que se creía posible: hace poco conocimos también una bacteria modificada capaz de atacar el cáncer desde dentro del propio tumor, y semanas antes se presentó la primera vacuna contra el coronavirus diseñada enteramente por inteligencia artificial. Son piezas distintas de un mismo movimiento: una medicina que cada vez se atreve más a cuestionar límites que hasta hace poco parecían fijos.

El receptor del riñón, según el hospital, sigue recuperándose bien. El donante también. Sus nombres no se conocerán, pero el gesto que compartieron en un quirófano de Barcelona ha quedado ya registrado como el primero de su clase en España, y probablemente no será el último: la ONT trabaja ahora en protocolos similares para hígado, corazón y pulmón, pensados para los pacientes con VIH que hoy siguen esperando en las listas.

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Fuente: Infobae España

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